Las máximas autoridades de la República Popular China han trazado una nueva e inapelable hoja de ruta macroeconómica. El Consejo de Estado, el máximo órgano ejecutivo del país asiático, emitió una serie de directrices estratégicas destinadas a transformar de raíz el modelo productivo nacional.
Según el dictamen oficial del gabinete, China debe ampliar de manera urgente y sustancial la inversión destinada a la investigación científica básica, al tiempo que implementa mecanismos más agresivos para canalizar el flujo de capital extranjero de forma directa hacia su entramado de fabricación avanzada.
La decisión del Ejecutivo de priorizar la investigación básica responde a un diagnóstico crítico compartido por los estrategas de planificación económica en Pekín: la excesiva dependencia de la propiedad intelectual y de los componentes clave desarrollados en Occidente representa el mayor factor de vulnerabilidad para el crecimiento a largo plazo del país.
El sector tecnológico chino ha destacado en la fase de aplicación comercial y desarrollo de software de consumo masivo; sin embargo, las crecientes restricciones a la exportación de semiconductores de última generación y equipos de litografía impuestos por Washington y Bruselas han acelerado la necesidad de alcanzar una autonomía científica total desde los cimientos de la física, la química y la ciencia de materiales.
El llamamiento a reorientar la Inversión Extranjera Directa hacia la manufactura avanzada marca un cambio de paradigma en la política de apertura comercial de la segunda economía mundial.
El Consejo de Estado dejó en claro que China ya no busca captar capitales foráneos destinados a industrias intensivas en mano de obra barata o al sector inmobiliario de especulación.
El objetivo fiscal y regulatorio ahora es incentivar a las corporaciones multinacionales a establecer sus centros de investigación y desarrollo, plantas de robótica de precisión, biotecnología y componentes para vehículos eléctricos dentro de las fronteras chinas, ofreciendo a cambio incentivos tributarios específicos y un acceso simplificado a su gigantesco mercado interno.
El máximo órgano de gobierno igualmente instó a fomentar con determinación la creación y el escalamiento de un mayor número de empresas emergentes (startups) en sectores altamente estratégicos.
Pekín es consciente de que las grandes corporaciones estatales tradicionales carecen a menudo de la agilidad operativa necesaria para liderar la innovación en la era de la computación cuántica y la Inteligencia Artificial.
El Consejo de Estado enfatizó de forma categórica que los fondos de inversión del Gobierno deben desempeñar un papel orientador fundamental en este proceso. En lugar de permitir que las fuerzas del mercado financiero asignen los recursos de forma discrecional hacia sectores de rentabilidad rápida pero de bajo valor estratégico, los fondos estatales de guía industrial inyectarán capital semilla y liderarán las rondas de financiamiento en las etapas tempranas de las empresas de tecnología profunda, actuando como un imán para atraer e infundir confianza al capital de riesgo de origen privado.
El pronunciamiento del Consejo de Estado confirma que China ha entrado de lleno en una fase de madurez económica donde la calidad del crecimiento y la soberanía tecnológica priman sobre las metas de expansión cuantitativa del PIB.
Al ligar la investigación científica básica con el capital extranjero y la dirección estratégica de los fondos públicos, Pekín busca consolidar una fortaleza industrial inmune a las presiones geopolíticas externas.
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