FMI cree que dólar sigue dominando a pesar de los cambios comerciales

El consejero económico y director del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI), Pierre-Olivier Gourinchas, ha ratificado una realidad contundente: el dólar estadounidense sigue siendo, de manera indiscutible, el centro absoluto del comercio y las finanzas mundiales.

La lectura técnica que realiza la institución de Washington pone de manifiesto que la hegemonía de la divisa norteamericana no se ha visto erosionada de forma significativa, a pesar de los recientes y profundos cambios en las relaciones comerciales multilaterales provocados por la imposición cruzada de aranceles punitivos.

Para los defensores de las teorías de la desdolarización acelerada, el diagnóstico de Gourinchas opera como un baño de realidad macroeconómica: modificar los flujos físicos de mercancías es notablemente más rápido y sencillo que alterar la arquitectura monetaria y los hábitos de compensación financiera global en el corto plazo.

Las razones que sustentan la invulnerabilidad del billete verde van mucho más allá de la fuerza industrial de Estados Unidos. El dólar opera como el activo de reserva por excelencia de los bancos centrales debido a la profundidad y liquidez líquida de sus mercados de deuda soberana.

Adicionalmente, el análisis demuestra que más del 80% de las transacciones de financiación del comercio mundial y la gran mayoría de la facturación de materias primas se siguen liquidando en dólares estadounidenses. Aunque dos naciones decidan imponerse aranceles mutuos y reorientar sus cadenas logísticas hacia terceros mercados para evadir las barreras impositivas, las cartas de crédito bancarias, los contratos de futuros y los sistemas de pago transfronterizos mayoristas continúan denominándose de manera predominante en la moneda americana.

Para las autoridades del FMI, esta resiliencia de la moneda estadounidense tiene implicaciones directas sobre la transmisión de la política monetaria global. Dado que el dólar retiene su rol central, las decisiones que adopte la Reserva Federal respecto a las tasas de interés de referencia siguen dictando las condiciones de crédito y las presiones inflacionarias para el resto del planeta.

Un dólar fuerte, impulsado por una política monetaria estricta, encarece automáticamente las importaciones y la deuda externa de los países emergentes, forzando a sus bancas centrales a seguir el ritmo de Fráncfort o Washington para evitar salidas masivas de capital y devaluaciones desestabilizadoras.

El verdadero desafío macroeconómico para los próximos años no consistirá en buscar un sustituto ficticio para el billete verde, sino en gestionar de forma coordinada los desequilibrios de cuenta corriente que genera esta hegemonía, garantizando que el sistema financiero internacional mantenga la liquidez necesaria para sostener el crecimiento productivo global frente a los embates del proteccionismo nacionalista.

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