El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento interanual del 3,8% hasta abril de 2026, una cifra que no solo supera el registro del mes de marzo, sino que se sitúa por encima de las previsiones de los analistas de Wall Street.
Este repunte en la tasa de doce meses ha encendido las alarmas en los mercados financieros, sugiriendo que la «última milla» en la lucha contra la inflación está resultando ser mucho más accidentada de lo esperado. A pesar de los esfuerzos contractivos de la política monetaria, la resistencia de los precios plantea interrogantes sobre si las tasas de interés deberán permanecer en niveles restrictivos por un periodo más prolongado.
Si bien el dato interanual proyecta una sombra de preocupación, la lectura mensual ofrece un ligero matiz de calma. En la comparación directa con marzo de 2026, el ritmo de crecimiento de los precios se desaceleró al 0,6%, frente al 0,9% registrado el mes anterior.
Este comportamiento se alineó con las proyecciones del mercado, lo que indica que, si bien la presión persiste, el ritmo de aceleración más agresivo parece haber encontrado un techo temporal. Sin embargo, para los especialistas, una inflación mensual del 0,6% sigue siendo incompatible con el objetivo a largo plazo del 2% fijado por la Reserva Federal.
El análisis detallado del informe revela que la inflación subyacente o IPC «básico» también muestra signos de firmeza. Este indicador escaló hasta el 2,8% interanual, con un avance mensual del 0,4%. Con un IPC general al 3,8%, el margen para iniciar un ciclo de flexibilización o recorte de tasas de interés parece disiparse en el corto plazo.
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