El Banco Central de Chile ha revisado de forma drástica a la baja sus proyecciones de crecimiento para el año 2026. La institución dirigida por Rosanna Costa constató que la reactivación productiva del país carece de la fuerza inercial necesaria, atrapada en un escenario de atonía en la demanda interna y un adverso panorama sectorial.
De acuerdo con las rigurosas cifras contenidas en el esperado Informe de Política Monetaria (IPoM) correspondiente al mes de junio, la autoridad monetaria recortó su estimación de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) a un rango de entre el 1,0% y el 1,75% para el cierre del año 2026.
Esta nueva banda de proyección representa un severo ajuste frente al cálculo previo entregado en el informe anterior, el cual situaba la expansión de la actividad en un optimista margen de entre el 1,5% y el 2,5%. Los equipos técnicos del instituto emisor justificaron este tijeretazo estadístico tras el débil resultado anotado en el primer trimestre de este año, un periodo donde los sectores clave de la economía mostraron un preocupante estancamiento que no logró ser compensado por los altos precios globales del cobre.
El Banco Central también aprovechó la entrega del IPoM de junio para elevar la proyección de inflación promedio anual al 3,7%, un incremento marginal pero sumamente simbólico desde el 3,6% contemplado en su modelo macroeconómico anterior.
La combinación de una menor expectativa de crecimiento junto con un repunte en el pronóstico inflacionario coloca al Consejo del Banco Central en una delicada y compleja encrucijada técnica. Hasta ahora, el mercado financiero internacional había internalizado un sendero continuo de recortes en la tasa de interés de referencia (TPM) para dinamizar el mercado del crédito y abaratar las líneas de financiamiento productivo.
El impacto de este ajuste proforma promete trasladarse de inmediato al balance de las grandes corporaciones y a los planes de inversión pública. Un crecimiento del PIB techo de apenas el 1,75% para 2026 limita de manera sustancial la capacidad de generación de empleo de calidad y debilita la confianza de los consumidores, quienes continúan arrastrando niveles elevados de apalancamiento en sus tarjetas de crédito.
Asimismo, un menor dinamismo económico introduce un elemento de fricción en la recaudación fiscal del Ministerio de Hacienda, reduciendo los márgenes de maniobra presupuestaria del gobierno para financiar reformas sociales estructurales sin deteriorar el ratio de deuda soberana sobre el PIB.
A la espera de conocer los indicadores sectoriales de actividad económica de los próximos meses y la respuesta de la inversión extranjera directa, la señal enviada por el Banco Central de Chile es de una contundencia analítica inapelable.
Con la meta de crecimiento recortada a un máximo del 1,75% y el costo de la vida empujado por el choque externo de los combustibles, Chile se adentra en la segunda mitad de 2026 asumiendo que la estabilización de los precios sigue siendo la prioridad innegociable, aunque el precio a pagar sea un ritmo de expansión económica mucho más moderado y austero de lo previsto originalmente.
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