El escenario macroeconómico argentino para el cierre de 2026 comienza a despejar sus incógnitas, aunque no sin dejar un sabor agridulce entre los analistas del mercado. Según el más reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado publicado por el Banco Central, la economía nacional transita por un sendero de recuperación moderada, pero bajo la sombra de una presión inflacionaria que se resiste a ceder con la velocidad esperada por el Palacio de Hacienda.
El dato más sensible para el bolsillo de los ciudadanos es, sin duda, el comportamiento de los precios. El sondeo de la autoridad monetaria revela que el Índice de Precios al Consumidor cerraría el 2026 con un incremento del 29,1%. Este número representa un ajuste al alza de 3,1 puntos porcentuales respecto a las proyecciones anteriores, lo que evidencia una inercia de costos difícil de quebrar.
A pesar de los esfuerzos por anclar las expectativas, el mercado percibe una «resistencia estructural» en los precios regulados y en la canasta básica, situando la inflación anual muy cerca del umbral psicológico del 30%.
En el plano de la actividad económica, el informe arroja una luz de optimismo: el Producto Interno Bruto crecería un 3,3% durante el corriente año. Este avance sugiere que la economía ha logrado encontrar un piso y comienza a rebotar, impulsada posiblemente por la normalización de las exportaciones agrícolas y una paulatina recuperación de la inversión privada.
El consenso de los participantes del sondeo proyecta un tipo de cambio de 1.700 pesos por dólar para diciembre de 2026. De cumplirse este pronóstico, la variación interanual sería del 17,4%, una cifra que se ubica significativamente por debajo de la inflación proyectada. Esta estrategia de «ancla cambiaria» parece ser la apuesta principal para evitar que la devaluación se traslade a los precios minoristas, aunque presiona la competitividad externa del país.
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