México y Brasil, dos mercados clave en América Latina, serán los países que lideren el estancamiento económico de la región en 2026 debido a la caída en las remesas, enfriamiento del consumo y reducción de los precios de las materias primas.
En México, la dinámica macroeconómica estará fuertemente condicionada por la revisión del T-MEC, prevista para 2026, y por la elevada dependencia del ciclo político y económico de Estados Unidos. La menor demanda estadounidense podría traducirse en una caída de las exportaciones manufactureras y un freno adicional a la inversión, dos pilares que sostienen el crecimiento mexicano de los últimos años.
Brasil, por su parte, presenta un escenario de crecimiento modesto pero sostenido impulsado por el consumo y por un gasto público que ha superado las previsiones. Este impulso ha permitido una recuperación relativa del real, aunque a un costo elevado, asociado a un endeudamiento mayor y a una mayor carga fiscal para sostener el gasto.
La combinación de demanda interna relativamente sostenida y restricciones crediticias podría traducirse en una recuperación más lenta pero persistente, con volatilidad cambiaria que añade incertidumbre a las proyecciones.
En conjunto, la región enfrenta un año desafiante para el 2026. La caída de remesas, el enfriamiento del consumo y la caída de precios de materias primas actúan como tres hilos que restringen la demanda agregada y elevan la complejidad de la política macroeconómica.
México y Brasil, al ser grandes economías emergentes con fuerte peso en el comercio regional, proyectan una desaceleración que podría contagiar a otros países latinoamericanos, especialmente aquellos con vínculos comerciales y financieros estrechos con Norteamérica y con flujos de inversión condicionados por la confianza de los inversores.
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