El inminente cambio de mando en Bolivia, tras la segunda vuelta electoral de este 19 de octubre, pone de relieve una serie de asignaturas económicas pendientes que marcaron la gestión del presidente Luis Arce y que, inevitablemente, heredarán las nuevas autoridades.
Quien resulte electo entre Rodrigo Paz Pereira y el exmandatario Jorge ‘Tuto’ Quiroga deberá enfrentar el reto de impulsar dos de las promesas más ambiciosas y, a la vez, inconclusas del Gobierno saliente: la política de industrialización y la tan ansiada explotación de litio.
El balance en estos sectores críticos no es alentador. La falta de concreción en las iniciativas relacionadas con la industrialización y el litio ha dejado un cuantioso monto de 2.006 millones de dólares suspendidos en inversiones, un capital esencial que podría haber impulsado significativamente la economía boliviana. Esta cifra, que refleja oportunidades perdidas y proyectos estancados, se convierte en un lastre financiero para el próximo quinquenio.
El complejo industrial que debía ser el motor de este impulso económico se encuentra operando a «media máquina». Este panorama no solo implica una baja rentabilidad de la infraestructura existente, sino que también subraya la ineficacia en la ejecución de las políticas diseñadas para diversificar la matriz productiva del país y reducir la dependencia de la exportación de commodities en bruto.
La elección no solo definirá al nuevo jefe de Estado, sino que también sellará la salida del poder del oficialista Movimiento al Socialismo después de casi 20 años de gobierno. Este largo ciclo político, si bien estuvo marcado por la bonanza de los precios de las materias primas, deja al próximo presidente con la responsabilidad de reactivar y, quizás, reestructurar por completo los megaproyectos que quedaron a medio camino.
El nuevo gobierno se verá en la encrucijada de retomar, renegociar o incluso reevaluar las estrategias para el litio, un recurso estratégico global. La tarea no será fácil. Deberá generar la confianza necesaria en los mercados internacionales para atraer las inversiones requeridas para desbloquear las inversiones, al mismo tiempo que define un modelo de explotación que sea sostenible, rentable y que genere valor agregado para el país.
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