Al cierre de diciembre, la tasa de inflación interanual se situó en el 4,3%, lo que representa una moderación frente al 4,5% registrado en el mes de noviembre. Este descenso, aunque leve en términos porcentuales, es una señal potente para los mercados y, especialmente, para el Banco Central de Brasil (BCB).
Esta trayectoria descendente del Índice de Precios al Consumidor Amplio sugiere que las presiones inflacionarias que marcaron el último trimestre del año pasado están comenzando a ceder.
La gran pregunta que circula ahora en las mesas de dinero de São Paulo y Brasilia es si este dato es suficiente para que el Banco Central acelere el ciclo de flexibilización.
Con la inflación situándose más cerca del techo de la meta establecida por la autoridad monetaria, el margen de maniobra para reducir la tasa de interés es ahora mucho más evidente.
Un recorte de tipos en la próxima reunión monetaria no solo aliviaría el costo del crédito para las empresas y el consumo, sino que enviaría un mensaje de confianza sobre la robustez de la recuperación económica del gigante sudamericano.
Si la tendencia se mantiene, Brasil podría consolidarse como una de las economías de la región con mejor manejo de la post-inflación global.
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