Los datos oficiales de julio arrojaron un incremento en los precios del 1,9%, superando ligeramente la cifra registrada en junio. A pesar de este repunte mensual, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló que el acumulado interanual se ubicó en 36,6%.
Este resultado refleja una notable desaceleración si se compara con el 87% de inflación acumulada en los primeros siete meses del año anterior.
La tendencia a la baja en la inflación ha sido una constante en los últimos años. De hecho, el cierre de 2024 se saldó con una inflación anual del 118%, una cifra significativamente menor al 211% alcanzado en 2023. Este proceso de desaceleración ha estado acompañado por un hito histórico: el primer superávit fiscal que logra el país desde 2010.
Sin embargo, el éxito en el control inflacionario y el equilibrio fiscal ha tenido un alto costo para la sociedad. Las medidas implementadas para lograr estos objetivos se tradujeron en una merma del poder adquisitivo de los ciudadanos, una caída del empleo y una contracción del consumo.
La consecuencia directa de esta situación ha sido un clima de descontento social, manifestado a través de protestas y huelgas en distintas partes del país. El desafío ahora para las autoridades es encontrar un equilibrio entre la estabilidad macroeconómica y la recuperación del bienestar de la población.
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